Ha llegado el verano, y dentro de poco disfrutaremos de las tan ansiadas vacaciones junto a nuestros hijos e hijas. Ahora bien, es muy posible que durante ese periodo de tiempo, por muy buenos que sean y bien que se porten, haya algún día en que, por el motivo que sea, como por ejemplo cansancio, sueño, aburrimiento o calor, tengan alguna rabieta y tengamos que regañarlos. Y aquí es cuando llega la pregunta del millón: ¿cómo lo hacemos?
Os hemos hablado muchas veces de la disciplina positiva y de la educación respetuosa como bases de nuestro sistema educativo y la metodología Montessori que aplicamos en nuestra escuela infantil, por lo que disponéis de muchas entradas donde encontraréis consejos, ítems y demás herramientas a utilizar para salvaros de algún que otro apuro con vuestros peques. Pero la realidad es que no siempre vamos a disponer del tiempo y la paciencia para hablar con calma y desde el respeto. Nuestro agotamiento, fruto del día a día en el trabajo y en casa puede llevarnos a que un día nos sintamos desbordados y tendamos a ignorar las pautas que se nos dan para afrontar situaciones de conflicto. Y no pasa nada; es normal. Sin embargo, sí hay algo que tenemos que recordar, y para ello vamos a compartir con vosotros y vosotras una reflexión.
¿Cómo reñir a nuestros hijos adecuadamente?

Cuando todo falla, hay algo que jamás debemos perder de vista, y es la empatía. Tal vez no lo recordéis, porque algunas de vosotras y de vosotros sois muy jóvenes, pero seguro que os suena el nombre de Risto Mejide. Sí, el jurado del programa Got Talent que siempre lleva gafas para ocultar sus ojos y que a veces es un poco brusco hablando a los demás. Pues bien, con el tiempo se ha reformado, y las valoraciones que hace a los concursantes no son tan crudas; pero cuando comenzó su carrera como jurado hace ya casi veinte años, humillaba y vapuleaba públicamente a niños (porque algunos no eran ni mayores de edad o llevaban poco tiempo siéndolo), argumentando que la vida era mucho más dura cuando salieran fuera del concurso.
¿Por qué os contamos esto? Porque era mentira, una falacia que utilizó para destruir el formato y hacer televisión, sin pensar en el daño que estaba haciendo a esos chavales que estaban aprendiendo no sólo a cantar, sino también a vivir. Y no tuvo en cuenta que las palabras que les dedicaba, hirientes y la mayoría de las veces completamente fuera de lugar, repercutirían directamente en su autoestima, en la seguridad en sí mismos que estaban construyendo, y en el dinero que posteriormente tendrían que gastarse en terapia, porque un señor les decía que no valían para algo en lo que todavía se estaban formando, amparándose en que el público sería más cruel con ellos.
¿Y cuál es la moraleja que debemos extraer de todo esto? Pues que lo que más recordarán nuestros hijos e hijas de aquellas veces en las que se equivocaron o se portaron mal no es lo que les dijimos, sino la forma en que lo hicimos y las palabras que empleamos para explicarlo; en cómo se sintieron. Las cosas se pueden decir bien o se pueden decir mal, pero cuesta lo mismo decirlas. Risto Mejide, muchas veces, no se equivocaba en el contenido, sino en el continente, en la manera en que lo trasladaba.
Así, aunque en algunos momentos no podamos poner en práctica la disciplina positiva, sí podemos recordar que nuestros hijos e hijas tienen sentimientos, y en que si les regañamos haciéndoles daño, no sólo no aprenderán la lección, sino que les causaremos heridas que, con total probabilidad, les acompañarán toda su vida.
Si tenéis alguna pregunta, no dudéis en contactar con nosotras a través del formulario de nuestra página web, vía llamada telefónica, o presencialmente en nuestro centro de educación infantil Mi Cole en Ruzafa, Valencia.
