Nunca hemos hecho esto antes.
El mes pasado os hablamos sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, y de cómo detectarlo en niños y niñas, pero no os contamos cómo afecta a sus vidas a medida que crecen y se van desarrollando. Sabemos que cualquier desorden cognitivo se antoja a los papás y mamás como un gran problema que al principio les abruma, y es por esa razón por la que desde nuestra escuela infantil de metodología Montessori os trasladamos el testimonio de una buena amiga que fue diagnosticada con TDAH a los treinta años.
Cuando hablamos con nuestra amiga, cuyo nombre nos ha pedido que mantengamos en el anonimato, pensamos que sería una buena forma de normalizar un trastorno que afecta a muchos niños y niñas que no suelen ser diagnosticados hasta que son adultos, en parte por los motivos que os dijimos en la entrada anterior. Pero antes de compartirlo con vosotros y vosotras, queremos que sepáis que el TDAH no fue un impedimento para que esta mujer se graduara en la carrera de Medicina y se especializara en Medicina Nuclear, ejerciendo como tal en diversas clínicas y hospitales, aparte de estar compaginando su trabajo actual de médico con el estudio de la carrera de Psicología, por lo que dicho trastorno no ha imposibilitado que tenga una vida plena, además de ser independiente.
¿Qué siente una persona con TDAH?

Muchas veces nos centramos en lo que vemos y en lo que nosotros percibimos, pero eso no es lo realmente importante. Lo esencial es saber comprender a la persona que padece este trastorno, de ahí que las palabras de nuestra amiga sean tan importantes a modo de caso práctico.
- Pensamiento múltiple. «A veces siento que mi cabeza va tan rápido que ni yo misma soy capaz de seguirle el ritmo. Es como si tuviera mil cosas abiertas a la vez, veinte pestañas funcionando en segundo plano sin que pueda cerrar ninguna. Y no es que esté pensando en algo profundo: estoy pensando en todo a la vez. En lo que tengo que hacer, en lo que no he hecho, en lo que debería recordar, en lo que me preocupa, en lo que me dolió, en lo que me molestó… todo mezclado, superpuesto, como si mi mente no supiera ir por partes».
- Saturación. «Como consecuencia de lo anterior, recibo una sobrecarga mental que me deja agotada, aunque no haya hecho nada físico. Es un cansancio raro, que viene de dentro, como si mi cerebro no tuviera botón de “pausa” y estuviera todo el rato intentando apagar incendios que sólo veo yo».
- Hiperfoco. «Cuando algo me engancha, desaparezco. No existe el mundo, ni el ruido, ni tampoco el móvil. Es una especie de túnel donde sólo existe eso que estoy haciendo. Y no lo hago queriendo, simplemente me absorbe. El problema es que suele pasar cuando menos me conviene: cuando tengo mil cosas pendientes o cuando ya estoy saturada y me sirve para evadirme».
- Bloqueo. «Esto es lo que nadie entiende. No es falta de ganas, ni dejadez. A veces sé perfectamente lo que tengo que hacer, sé cómo hacerlo, incluso me apetece…, pero no puedo arrancar. Es como si mi mente y mi cuerpo no se pusieran de acuerdo. Una parte de mí dice “hazlo”, y la otra responde “no puedo ahora”, aunque sé que debería hacerlo ya».
Finalmente, preguntamos a nuestra amiga cómo era su día a día, y nos respondió lo siguiente: «Es una combinación extraña entre saturación, hiperfocos que aparecen de la nada, bloqueos que me frustran y un cansancio mental que arrastro sin que nadie lo vea. Y no es que yo elija nada de esto; simplemente así funciona mi cabeza. Hay días que me genera culpa, y otros intento aceptarlo. Y, de ese modo, voy tirando con mi vida».
Como veis, el camino de esta chica no ha sido fácil, pero aun así ha conseguido cosas que, al menos a nuestro juicio, son de admirar. Así que, si a vuestros hijos o hijas les diagnostican TDAH, no perdáis la esperanza de que el día de mañana lleguen a ser unos adultos ejemplares, pues os acabamos de poner un ejemplo de una persona que lo es.
Si tenéis alguna pregunta, no dudéis en contactar con nosotras a través del formulario de nuestra página web, vía llamada telefónica, o presencialmente en nuestro centro de educación infantil Mi Cole en Ruzafa, Valencia.
