La llegada de un nuevo hermano en ocasiones llega a convertirse en una situación de conflicto, debido a que los hermanos mayores pueden verse desplazados. Es importante, pues, que entendamos que este sentimiento inicial de rechazo es absolutamente normal, dado que los cambios asustan, y nuestros pequeños y pequeñas nunca se han enfrentado a una situación de este tipo con tantos matices emocionales, por lo que es legítimo que se sientan desconcertados o incluso pensar que ya no los queremos. A nosotros tal vez nos resulte algo descabellado, porque les seguimos queriendo igual, pero para ellos no. Por esa razón, consideramos que es muy importante trabajar en este proceso, y desde nuestra escuela infantil de metodología Montessori, vamos a proponeros algunas claves para contribuir a que vuestros peques se adapten de la forma más rápida y agradable posible a la convivencia con un nuevo integrante de la familia sin dañar su confianza.
Claves para una transición positiva con la llegada de un bebé.

- Poco a poco. Debemos entender este proceso como algo gradual, y no nos referimos a la adaptabilidad de nuestros hijos mayores, que también, sino que cuanto antes vayamos preparándolos para los cambios que se van a producir, mucho mejor. En consecuencia, si tenemos pensado cambiarlos de habitación, es interesante hacerlo con unos meses de antelación al nacimiento del hermanito, para evitar que asocien su llegada con un desplazamiento brusco de la posición que hasta entonces habían ocupado en su hogar. Tener su propio cuarto forma parte de su crecimiento, de su proceso de independencia y madurez.
- Los niños son niños. Es un gran error pensar que al tener una criatura más pequeña nuestros hijos e hijas mayores de pronto se han convertido en adultos y ya no tienen derecho a comportarse como los niños pequeños que son, ni tampoco tienen necesidades acordes a sus edades. Todo lo contrario, y para subsanarlo, podemos optar por pasar tiempo con ambos al mismo tiempo, reforzando así el vínculo entre ellos, y haciéndoles entender que no hemos dejado de quererlos, sino que simplemente sus hermanitos, al ser más pequeños, requieren algo más de cuidado. Y además, otra cosa que podemos hacer es ponernos de acuerdo con nuestra pareja para que mientras el recién llegado está durmiendo o a cargo del padre, la madre pueda pasar tiempo con el hermano mayor, yendo a dar un paseo, de compras o simplemente pasar un rato jugando con él. Así entenderá que su mamá también se interesa por él y se preocupa por no desatenderle.
- Querer no es una obligación. Al igual que sucede en las relaciones adultas, el cariño surge con el tiempo, observando pequeños detalles que hacen que comencemos a apreciar a otra persona. Pues bien, con los hermanos y hermanas sucede exactamente lo mismo. No podemos imponerles que los quieran sin más, pues no tienen motivos para ello, y eso solo provocará que se enfaden o empiecen a sentir celos. El afecto surgirá con el tiempo, derivado de un ambiente positivo entre toda la familia y de compartir momentos especiales.
- No excluyas, incluye. Resulta muy normal tener miedo a que los hermanos mayores quieran ayudarnos a cuidar del bebé. Como hemos dicho, para ellos es algo nuevo, y aunque lo más común es que sientan temor y rechazo, la curiosidad es otro sentimiento que pueden llegar a manifestar. Debemos ser conscientes de que los niños y niñas de uno, dos y tres años todavía no son plenamente dueños de la fuerza de sus movimientos y por lo tanto no entienden la delicadeza que requiere un recién nacido. Así pues, si en algún momento le asestan un manotazo, ya sea intencionado o no, o simplemente nos piden ayudarnos a cuidar de ellos, en lugar de apartarles o reñirles, que incentivará un sentimiento negativo hacia el bebé y aumentará sus celos, lo que podemos hacer es enseñarles a que lo toquen adecuadamente e incluirlos en las tareas del cuidado del pequeño, aunque solo sea mirando. De este modo, no solo pasarán más tiempo con su mamá, sino que además ayudará a crear ese vínculo especial con su hermanito o hermanita que terminará convirtiéndose en amor y deseo de protección.
- Mantén las rutinas. En este punto es fundamental la implicación de los papás. Mientras la mamá aprovecha para dormir, que también lo necesita, el papá puede aprovechar para acompañar al hermano mayor en sus actividades diarias antes de la llegada del nuevo miembro de la casa, como pasear, ir de compras, salir al parque o llevarlo al cole. Es importante que nuestros hijos no sientan que el bebé está cambiando su mundo y que no lo vean como una amenaza para su felicidad. Y si a eso le sumamos el desgaste que supone para una madre la atención constante a un recién nacido, es importantísimo que el padre esté preparado para enfrentarse a un pañal sucio, un cólico de aires o cualquier dificultad que se le presente sin que la madre tenga que levantarse angustiada sin apenas haber descansado.
- Los altibajos son normales. Si bien en el mejor de los casos la llegada del bebé puede suponer un momento de gran emoción y felicidad al principio, no implica necesariamente que al cabo de unos días nuestros hijos e hijas mayores experimenten un bajón traducido en enfados, tristeza, desobediencia o mutismo. En tal caso, no debemos extrañarnos, sino tomarlo como señales de que, en efecto, la nueva situación les afecta, solo que han tardado un poco más en manifestarlo. Así las cosas, lo mejor que podemos hacer es mostrar empatía hacia sus sentimientos y ser pacientes con ellos.
Para finalizar, esperamos que esta entrada os haya servido de ayuda. Siguiendo estas claves, podemos conseguir que la adaptación de nuestros hijos mayores ante la llegada de un hermanito sea mucho más ágil y cómoda, entendiendo que aunque el bebé les reste algo de tiempo, su presencia no alterará en absoluto el amor que su mamá y su papá sienten hacia ellos. No obstante, si tenéis alguna duda, no dudéis en contactar con nosotras a través del formulario de nuestra página web, vía llamada telefónica, o incluso presencialmente en nuestro centro de educación infantil Mi Cole en Ruzafa, Valencia.
