La cocina casera en las escuelas infantiles puede aportar beneficios importantes tanto para la salud como en el desarrollo y educación de los niños. Ahora bien, que sea casera no implica necesariamente que pueda considerarse saludable: lo importante es que la planificación de los menús esté construida a través de criterios nutricionales adecuados para la edad de los niños y niñas, con variedad, seguridad alimentaria y raciones apropiadas.
Cabe señalar que convertir la comida casera en saludable, especialmente en una escuela infantil, no significa cocinar platos complicados. Se trata, sobre todo, de elegir buenos ingredientes y utilizar técnicas sencillas. Para ello, en el comedor de Mi Cole Ruzafa en Valencia, donde disponemos de cocina propia, nos apoyamos en los conocimientos de alimentación y dietética de la nutricionista Ana Colomer, quien ha diseñado nuestros menús, para adaptarlos a los diferentes momentos evolutivos de cada niño y niña, así como a sus necesidades personales.
¿Cuáles son los beneficios de la cocina propia en una escuela infantil?

Desde Mi Cole Ruzafa, debido a que disponemos de cocina propia en nuestra escuela infantil, vamos a hablaros de cuáles son los beneficios anteriormente mencionados, asegurando la calidad y la condición saludable de nuestros menús en el comedor, cuidando la alimentación saludable al tratarse de comida casera, directamente elaborada por nosotras.
- Mejor calidad nutricional. Esto permite preparar menús con ingredientes frescos y controlar la cantidad de sal, azúcar y grasas. Por ejemplo, contamos con verduras y hortalizas a diario, legumbres, cereales poco refinados, pescado, huevos, carnes magras y otras fuentes de proteína de calidad, sin perder de vista las necesidades e intolerancias de los niños y niñas.
- Eliminar alimentos ultraprocesados. Facilita ofrecer comidas sencillas y variadas, más próximas a lo que podríamos considerar una alimentación saludable. ¿Cómo? Eligiendo grasas saludables. El aceite de oliva virgen puede ser, por ejemplo, la grasa principal. Además, de este modo se limitan las frituras frecuentes y productos con grasas de baja calidad.
- Cocinado óptimo. Cuidar la forma de cocinar, priorizando al vapor, guisos, hervidos, plancha o salteados frente a las frituras. Y sí, sabemos que un buen frito entra más fácilmente por los ojos a un peque, pero para eso contamos con hacer el plato atractivo. ¿Cómo? Mediante colores variados, presentaciones sencillas y permitiendo que conozcan diferentes texturas y sabores que les ayuden a desarrollar una relación positiva con la comida y prueben alimentos nuevos.
- Favorecer buenos hábitos alimentarios. Aparte de acostumbrarlos desde pequeñitos a comer de todo, lo que favorecerá su salud presente y futura, una buena educación alimentaria puede convertirse en una oportunidad para aprender de dónde vienen los alimentos, cómo se preparan y por qué son importantes.
- Adaptación a las necesidades individuales. Contando con una cocina propia resulta más sencillo ajustar las comidas a las alergias, intolerancias, necesidades nutricionales o preferencias culturales, conociendo los ingredientes, las técnicas de cocción y las condiciones de preparación. Además, hay que tener en cuenta la edad de los peques, textura y tamaño de los alimentos, y capacidad de masticación, amén de prevenir riesgos de atragantamiento.
- Conexión con las familias. La elaboración de menús caseros son una posibilidad de acercar la alimentación de la escuela infantil a la que se cocina en casa y facilitar que las familias continúen practicando hábitos saludables.
Si tenéis alguna pregunta, no dudéis en contactar con nosotras a través del formulario de nuestra página web, vía llamada telefónica, o presencialmente en nuestro centro de educación infantil Mi Cole en Ruzafa, Valencia.
